YELEEN EN LA HORA DEL PLANETA

Un “diente de perro” (Erythronium dens-canis) y un corzo (Capreolus capreolus…¡mira por dónde, ahora nos enteramos!…jajaj), son las dos especies que, hoy, se han cruzado en nuestro camino, para recordarnos lo de esta noche. Dos especies que, si no vamos “moviendo el culo”, irán desapareciendo, con todas las demás, de nuestros paseos e incursiones visuales por nuestro entorno. Si tienen que hacerlo, que no sea, al menos, por la gran dejadez que nos arrastra, sin remisión, a una situación muy diferente a la que, por fortuna y, por el momento, aún disfrutamos. Por desgracia, los pequeños cambios y desajustes, se van notando, ya, a unos pasitos de “tu-nuestra” casa. Y es que, aunque pongamos de barricada-excusa todos los kilómetros posibles, resulta que TODO ESTÁ RELACIONADO, queramos abrir los ojos o no.

Esta noche, un año más, en Yeleen, participaremos en LA HORA DEL PLANETA, con un humilde pero significativo apagón, impregnado de olor a velas, que aprovecharemos para cenar, como en época de nuestras bisabuelas, entorno a la lumbre, las velas y ese calor tan incomparable que, en todos los sentidos, brinda el fuego. No cuesta dinero, no hay que salir de casa y puede resultar (¡resulta!) un ratito especialmente “diferente”. En una noche tan especial como la de hoy, de 8 y media a 9 y media, vístete de compromiso y, si puedes…¡síguenos!…¡muchas gracias!…

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LOS AMOS DE NUESTRAS VIDAS

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“ZAPATERO, A TUS ZAPATOS”

La inteligencia, si bien tiene una concreta definición, abarca tantos matices y grados como colores y tonos la Naturaleza…hasta el punto de hablar de…¡casas inteligentes!…¡no te digo más!. En Yeleen, desde nuestra peatonal visión de paseante por la vida, no dudamos en que los humanos somos la especie más inteligente del Planeta Tierra (vamos a precisar, ¡no vaya a ser…“qué”!). ¡Ahora!…¡eso sí!…si ser los seres más inteligentes de Gaia nos sirve para “mucho”…ahí ya, permítenos torcer el gesto, no lo tenemos tan claro. Lo que sí tenemos claro es que a nuestra “querida” y tan mencionada Tierra, nos pongamos como nos pongamos, igual le da empezar de nuevo con las cucarachas como únicos habitantes, más teniendo el cuenta el “plus” que supone saltarse unos cuantos “eslabones” en la famosa Cadena, que hacer tabla rasa y descansar de tanta “inteligente” estupidez. ¡Pero bueno!…¡es lo que hay!…¡ya veremos lo que queda!.
Por hablar, también se habla de la inteligencia de los animales, de ciertas especies, de los perros y, más aún, de según qué perros, para llegar, finalmente, a las razas. En Yeleen, desde luego, no tenemos la información suficiente y mucho menos la capacidad ni el conocimiento de una materia tan compleja, extensa, matizable, “estudiable” y, en cierta medida, inabarcable, como para defender, explicar y justificar cualquier rotunda sentencia acerca de esta, según algunos, clara evidencia. No es que pongamos en duda toda conclusión en este sentido, pues, igualmente, somos conscientes de que no tenemos la información suficiente ni tampoco un criterio claro como para ello, de la misma manera que somos conscientes de que no es nuestro campo y de que hay otras personas dispuestas, capacitadas e implicadas en tal fin, de cuyos estudios, en general y a largo plazo, todos salimos, supuestamente, beneficiados.
Tampoco nos gusta el corta y pega, aunque sea el camuflado, y, menos aún, atribuirnos, en forma de sesudas conclusiones, las glorias de los demás. Ya lo sabes, aquí es todo “made in Yeleen”, para bien y para mal. Por último, la vena comercial, os aseguramos que no es lo nuestro. Llevamos, desde hace 25 años, las mismas “chaquetas” (en plural, varias, pues el barro, la lluvia, la grasa de la lana, los enganchones con ramas, cuernos y espinos y las idas y venidas con cada perro, obligan a ello…). Chaquetas casi tan conocidas como nuestras sempiternas botas de agua. Y es que el trabajo en Yeleen, el que se ve y el que no, es de tal magnitud que cuatro piernas y cuatro manos no dan abasto, quedando en tareas pendientes, entre otras, aquellas que a otros les permiten “pegarse el moco” (perdón por la expresión) gratis. La coherencia y correspondencia entre decires y hechos, sin embargo, no es tan fácil de llevar a la práctica, evidenciando la lógica, bochornosa y expuesta (¡!) carencia.

INTELIGENTES Y/O LISTOS

¡Y hasta aquí queríamos llegar!…más que de “inteligentes”, queríamos hablar de “listos”. De perros “listos”. Los animales necesitan ser, primero, animales (te podemos asegurar que si les dejamos, lo son) pues en su intrínseco instinto de supervivencia, se desarrollan todas las capacidades y aptitudes necesarias para “ganarse el currusco” y “salvar el pellejo”, hablemos de las cucarachas, de los ratones, de los perros, de las ovejas, de los delfines, de los hum…¡bueno!…¡ejem!…¡cambiemos de tema!. Y es que, aunque parezcan propios de “la vida”, la solidaridad, la compasión, la cortesía, la generosidad, la piedad, el “coleguismo”, etc… son “pedradas” nuestras, son valores que han ido, afortunada y maltrechamente sobreviviendo y que, una gran parte de la Sociedad actual, se esmera, afortunadamente, en su defensa, por su prevalencia y por su conservación. Difícil tarea, no te creas, pues como siempre, aquí también, una cosa es llevar una pancarta que rece lo dicho y otra cosa es su aplicación en el día a día, pero sin “viajar” a las Antípodas, si nos apuras, puede que hasta en el mismo portal…ces´t la vie!
Pero dejemos de hablar de “valores” y de buenas intenciones, ya que vamos a hablar de animales. Si bien, como hemos expuesto hace unas líneas, no tenemos herramientas, ni la más mínima intención de defender la inteligencia de los perros, y, menos aún, sus grados (si la tienen), sí podemos decir en primera persona, por nuestra experiencia con ellos, que los perros en general son listos, “sorprendente” conclusión que, no tenemos ninguna duda, compartirá el 100% de nuestros lectores…¿también tú?…¡lo suponíamos!. Es cierto que no todos son igualmente listos (los perros, decimos). Hay unos perros más listos que otros, y razas donde el ser “listo” no es un rasgo novedoso.
Son tan listos que se aprovechan de ello y hacen lo que tienen que hacer, como animales que son, pudiendo llegar a complicarnos la vida, de “un poquito” hasta “la ruina”. Esa misma vida que no entendemos sin “ellos”. Nos alegramos de que no sea tu caso, tampoco es el nuestro, pero sí el de muchas personas, muchas familias que, con gran y “demasiado” corazón, no han tenido claro, desde el principio, esa posibilidad. Hoy escuchábamos por la radio que tendríamos que vivir no recordamos cuántos miles de años (tampoco cuántos boletos tendríamos que comprar…) para que nos tocara “El Gordo” de la Lotería Nacional. Te podemos asegurar que las probabilidades de que tu perro se comporte de manera desordenada (para nosotros y nuestra tranquilidad vital) y de que te llegue a amargar la vida, son infinitamente mayores.

VALORES Y LÍMITES

Ellos, con la capacidad que les otorga su naturaleza, hacen lo que deben, lo que pueden, lo que les dejamos. A nosotros, los seres más inteligentes de la Tierra, con toda la mochila de valores que nos “cascan”, desde la Escuela, encima, se nos olvida que estos, si bien necesarios y deseables, no son incompatibles con las normas y los límites, en ninguna de las relaciones que establezcamos como seres sociales que somos, ni entre nosotros, ni hacia “ellos”. Los perros también son seres sociales y, como tales, tienen sus “normas” y sus límites. La propia madre es la primera en ir enseñándoles límites en forma de dientes y gruñidos, tras los lametones de los primeros 15 días. No sabemos qué nos asusta de su aplicación. Si queremos que los perros convivan en nuestra Sociedad, respetando al máximo posible su naturaleza, deberemos marcarles muy bien y, sobre todo, desde el principio, nuestras normas. Porque son suficientemente listos como para, con ese poquito de “arte” que te da la necesidad, entenderlo si no “a la primera”, “a la segunda”, cuando el criterio es claro, la voluntad firme y las condiciones apropiadas. Si no, no es posible, no nos entienden y nos malinterpretan. Más aún, aprenden a “reírse” de nosotros…¿quién dice que los perros no se “ríen”?…
En realidad, somos conscientes de que a nadie le da “miedo” poner límites. Sencillamente no apetece, no es nada agradable (“¡con la de problemas que tengo!…¿y me vienes con esta ahora?”…) y preferimos mirar hacia otro lado, justificándolo todo o, como mucho, llevando adelante unas falsas o débiles e insostenibles normas, aplicando mal o a medias esos supuestos límites, resultando de todo ello un desagradable “paquete” que, cual péndulo, oscila, rítmica y constantemente, sobre nuestras cabezas una gran parte (la mayor parte, en algunos casos extremos…) de la corta, para nosotros, vida que compartimos con ellos. Debes saber que, en tantos años, hemos conocido más de un caso (y de dos), tan dramático como para “arreglarse” el problema al terminar la vida del denominado “amigo del Hombre”, penitencia que no se la deseamos a nadie, créenos.
Casi con total seguridad, sobra decir cuánto nos apasionan los animales, los perros, el trabajo con ellos, o mejor dicho, qué nos apasiona en la vida. Sin embargo, también nos gustan las personas y, conociendo lo que conocemos, nos preocupan mucho los potenciales desequilibrios que surgen al no entender “bien” a los perros, que se resumen en el hecho de que se conviertan en los amos de nuestra vida.

¿JUGAMOS?

Por ejemplo, nosotros no entendemos que alguien venga a pastorear con su perro a Yeleen y, tras observar lo que a veces observamos en la relación, no reparar en ello para intentar ayudarle ya que, entre otras cosas, si bien el instinto juega su baza, una relación bien jerarquizada y un vínculo sano son importantes a la hora de llevar adelante el trabajo de pastoreo.
Pero, en estos casos, no son los matices de la disciplina los que nos inquietan. En Yeleen no “jugamos”. No se juega con los perros. Primero, porque no son juguetes (¡qué frase tan fácil de decir!). Y no se juega con los perros, pues tienes muchos “números” para acabar haciendo de pelota para él/ella (¡ell@s, encantad@s!…). En Yeleen, tampoco “jugamos” a pastorear, como no entendemos cómo se “juega” a hacer otro tipo de actividades, sin detenerse en lo que para nosotros es el meollo de la cuestión, y, en este punto, casualidad, nos vienen a la cabeza esos valores que nos diferencian de otros/los animales: empatía, solidaridad, honestidad, sinceridad, generosidad…donde la preocupación por los demás y la valentía en el mensaje y en su ejecución, se mezclan con la emoción, el miedo a ofender, el miedo y el dolor de no ser entendid@ o malentendid@, la impotencia por la evidente y extendida falta de escrúpulos y de responsabilidad…y esa amarga sensación de tristeza que deja el no poder ayudar más y mejor.

SENSIBILIDAD Y EMPATÍA…¡POR FAVOR!

Porque ahí es donde se nota más lo listos que suelen ser los perros y lo confundida que está mucha pobre y buena gente, auténticas víctimas de hacer las cosas de cualquier manera, en manos de personas, supuestamente “inteligentes” y llenas de valores, sin más preocupación que la de ponerse medallas y figurar. Esas personas, deberían saber y ser conscientes del daño que causa el “hacer la vista gorda” o, posiblemente, su falta de conocimiento sobre los perros, que es lo que nos tememos en Yeleen. Porque, hoy en día, los perros no “van” solos, “van” con familias, todo va en el mismo pack. En personas y familias totalmente “entregadas a” sus perros, algo que les honra, no así cuando cambiamos el “entregadas a” por “vendidas ante”. No queremos pensar que es la falta de solidaridad la que genera la ceguera, sino un grueso pañuelo de irresponsable afán de protagonismo que, con una buena y honesta reflexión y buena voluntad, se puede quitar. Desde Yeleen, pedimos, por favor, un poco más de sensibilidad y empatía para/hacia las personas, dueñas de los perros con los que comparten, con todo su cariño y entusiasmo, sus respetables vidas, hagan pastoreo, agility, canicross…o cualquier otra disciplina en la que disfrutar, siempre desde el respeto al perro.
Los perros te pueden llenar la vida pero también te la pueden condicionar negativamente y hasta amargar. No toda persona, por sus propias condiciones o por no estar solo, puede “hacerse” con un perro y llevar una convivencia equilibrada, donde, con un poquito de esfuerzo y de trabajo inicial, el mismo que hemos dado, damos y daremos todos los mortales, disfrutar como se disfruta de un animal como el perro. Y, en este sentido, como en algún otro, los profesionales deberíamos remar en la misma dirección.

Con el paso de los años, el corazón de Yeleen se va llenando de perros y de personas. Pero no temas, el nivel de ocupación no es un problema…como decimos en el apartado de recuerdo a nuestros perros, “El corazón, esa verde e inmensa pradera donde siempre hay espacio para los que más queremos”. Te deseamos, como siempre, lo mejor. Perdón por la extensión del escrito, muchas gracias y buenas noches. Todo, como siempre, de corazón.

URTE BERRI ON!

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La pasión de nuestras vidas, en una foto. Cuando nos olvidamos de quiénes somos y quiénes son “ellos”, actuamos de manera incorrecta y les confundimos. En Yeleen, trabajamos, día a día, para que cada uno de los miembros de nuestra extensa familia, de cuatro y dos patas, entienda cuál es su sitio, intentando no dejar espacio para la confusión. Los animales son animales y, si los “queremos” como defendemos, deberíamos respetar, en primera lugar, su condición, por encima de nuestros sueños, anhelos, deseos y necesidades. Desde Yeleen, con nuestros mejores deseos, URTE BERRI ON!…¡FELIZ AÑO NUEVO!…

En la basura

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Este ciclamen fue desechado. Estaba en el fondo de un contenedor en muy mal estado.  Conociendo la planta, Cyclamen persicum, la esperanza de que, con unos cuidados concretos y sencillos, podría salir adelante, nos animó a hacernos con ella, contando con que, si no “tenía que ser”, no sería, ya que, realmente, “pintaba” muy mal…cuatro hojas marrones, secas y consumidas, eran lo único que asomaba de la maceta. La cambiamos a una tierra nueva, la regamos y esperamos pacientemente. A los días, parecía que asomaba una pequeña hojita verde, le siguió una segunda y, en unas semanas, fue tomando un aspecto más fuerte y decidido…¡qué alegría!. Ahora, las flores no paran de salir, unas ya están y otras, preparándose para hacerlo, con un aspecto más que saludable.

Salvando las distancias, con los perros de pastor sucede algo parecido. DESECHAR un ejemplar que no responde a nuestras “elevadas (¡no te lo pierdas!), ambiciosas y egoístas” expectativas, bien por no haber cuidado ni tenido en cuenta la genética, bien por no haberlo envuelto en unas condiciones vitales correctas, por haberlo iniciado mal, o bien, por no saberlo trabajar correctamente…es más fácil, inmediato, cómodo y barato (para quien le sea posible…), que ESFORZARSE en hacerlo correctamente desde un principio o, en su defecto, ASUMIR y APRENDER para no volver a caer en el mismo “error”, sin desprendernos, por ello, de forma más o menos irresponsable y, en muchos casos, cruel, de esos animales que pagan, una y otra vez, esa “inexperiencia” muy cercana, por desgracia, a nuestra cómoda dejadez. Lo que pasa es que esta manera de hacerlo, como todas aquellas donde prima la RESPONSABILIDAD, además de una integridad y unos principios, puramente humanitarios, resulta bastante más trabajosa, requiere más esfuerzo, requiere una inversión de tiempo y de dinero, necesitando, de entrada, una gran disposición y buena voluntad de hacerlo…¡no sabes cómo está “el patio”!…quedémonos con las flores de la esperanza…en Yeleen, siempre contamos con ella para seguir adelante…y seguimos trabajando, con gran ilusión, por aquello en lo que creemos. Es más, cada vez son más las personas que llaman y acuden a Yeleen, en busca de asesoramiento. Muchas gracias a tod@s ell@s, y, por supuesto, también a ti.

Un poquito de sensibilidad

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Queríamos hacer una sencilla reflexión sobre parte, al menos, de lo observado en la mañana de esta pasada Jornada de Trabajo, con un grupo estupendo de personas, o, mejor dicho, con el grupo de estupendas personas que se han animado a compartir un segundo día de curso de adiestramiento de perros de pastor.  ¿”Adiestramiento” hemos dicho?…¡bueno!…antes de “entrar” en “técnicas de adiestramiento”, nuestra impresión general es que tendríamos que mostrarnos más “cuidadosos” con los perros, más “delicados” en su manejo, relacionarnos con ellos más atentos a los efectos que nuestra forma de hacerlo, tiene en su comportamiento, en su actitud hacia/para con nosotros y, por extensión, hacia/para/con su entorno. Si bien ha sido el precioso cachorro de un joven y atento ganadero nuestra matutina inspiración, no son los ganaderos el único grupo de personas que incurre en lo que vamos a comentar. Nuestra experiencia de observación de muchos años, nos lleva a la conclusión de que, en general, somos, para empezar, muy extremistas en nuestro trato con los perros.

Así, cuando los perros son cachorros, nos excedemos en justificar, en consentir, en buscar su agrado, en reír sus gracias, en consentir (¿lo habíamos dicho ya?), en ceder, en interpretar y aceptar como un juego, hacia nosotros y hacia todo su entorno, su simpático y divertido comportamiento de cachorro, permitiéndole a través de todos esos mecanismos, desarrollar los que, en parte, serán hábitos inconvenientes o problemáticos de su futuro con nosotros. No sabemos la razón. No, al menos, si la ternura que emana de una cría de mamífero, en sí, no se puede considerar suficiente. Lo curioso es que esta dinámica y sus consecuencias no es “patrimonio” de ningún ámbito, pues es compartida, por igual, por ganaderos, bomberos, panaderos, profesores de universidad, comerciantes, economistas, taberneros, jardineros, impresores, educadores caninos, psicólogos, médicos, futbolistas, decoradores, filósofos, libreros, maestros, fruteros, policías, artistas, políticos, etc…

Todo muy “guay”, muy “free”, muy “tierno” y muy “positivo”, para después, con lógicos y nulos resultados muchas veces, irnos al otro extremo. Al de ejercer una pretendida autoridad mal aplicada, inoportuna o desmedida, sin licencia y sin argumentos, ante los pobres perros que, con el paso del tiempo, siguen sin entender nada…haciendo nada más que lo que se les han enseñado pueden hacer, en una muestra más de su marcado (por el momento) instinto de supervivencia junto a nosotros. Dinámica igualmente compartida en nuestra Sociedad por ganaderos, bomberos, panaderos, perreros, profesores de universidad, comerciantes, economistas, taberneros, jardineros, impresores, educadores caninos, psicólogos, médicos, futbolistas, decoradores, filósofos, libreros, maestros, fruteros, policías, artistas, políticos, etc…

Así, sorprendentemente, pasamos del “ji-ji-ji”, “ja-ja”, “¡qué monada!”, “¡je-je!”…al “heeeeeeeere!!!”, “¡¡¡ven aquíííííí!!!”, “etoooooorrrrri hona!!!”…y, eso, sin enfadarnos. Cuando llega la impotencia y la frustración en forma de enfado, entonces, las “escarpias”, que ya no pelos, no encuentran otro estado posible, derivando en el miedo de no entender nada de nada, por parte de aquel al que “comíamos los mocos” cuando fue un inocente cachorrito. En ambos casos, la “pedrada” es nuestra…no de “ellos”. Ellos son animales, “nada más”…(¡y nada menos!)

Cuando hablamos de la sensibilidad de una raza determinada, cuando hablamos de la sensibilidad de un perro, cuando hablamos de los perros y de su manejo, solemos pasar por alto o nos olvidamos de la gran sensibilidad que hay que tener para, en todos los sentidos que se te ocurran, “acercarnos” a ellos. Porque, para un perro, no sólo para un cachorro, resulta tan inoportuno, inexplicable e intimidatorio, un brusco, aunque involuntario, tirón de correa, por falta de “delicadeza”, como una “conversación” (perdón, “monólogo”) cara a cara, con sus estúpidas subidas y bajadas de entonación e insistentes caricias y palmaditas incluidas en el pack. En Yeleen, por experiencia, creemos que la respuesta a ese anhelado punto de equilibrio, con seguridad, está en su “simple” pero cuidada y constante observación. Algo de muy “difícil” acceso, cuando no miramos más que el reloj y cuando lo único que queremos, si es posible en apuntes, son las “técnicas milagrosas” (si la denominación es inglesa, mejor todavía…), para poder manejar la terminología, que no los perros, como nadie. Sin embargo, en Yeleen, creemos que los perros se merecen “mucho más”.

Si queremos “acercarnos” a los perros, sean de la raza que sean, sea en la disciplina que sea, sea en el ámbito que sea, debemos cargarnos de la sensibilidad necesaria para no confundir a nuestros queridos compañeros de aventuras. Y, en su defecto, aprender sobre y de ellos, la única manera de empezar a entenderles. La única manera de entenderles y de que nos entiendan, por ese orden. La única y, aunque sea, sintácticamente hablando, imposible, la mejor. Queríamos decirlo. Muchas gracias a tod@s los que os habéis acercado hoy a Yeleen, sois gente estupenda, de verdad…¿esto también lo habíamos dicho?…¡nos vemos en dos semanas!…¡y muchas gracias a ti también por tu interés y por tu tiempo!…

HABILIDADES

Además de injusto y desconsiderado por nuestra parte, sería poco honesto no reconocer el valor que conlleva el trabajo que se hace con un perro para conseguir que realice ciertos ejercicios denominados “habilidades caninas”. En ello, hay auténticos maestros, al igual que, aparentemente, los hay en ejercicios cirquenses con animales, con métodos, en este último caso, transgresores e inaceptables, que traspasan las barreras del respeto y del corazón, y que, te gusten o no los animales, de saberse, herirían, si no a todas, al más amplio espectro imaginable de sensibilidades. Todo ello pretende ser sorprendente, divertido, entretenido, simpático y aplaudible, más si engalanamos a los pobres animales con mantos estelares, plumas, lentejuelas…sombreritos, falditas, maquillajes, tintes y colorines que, si bien “para gustos los colores”, sobre la piel de un animal, sea doméstico o no, chocan y duelen, cual certera daga en el corazón, a personas como nosotros que, lejos de no tener sentido del humor, abogamos y reivindicamos el respeto a los animales en todos los sentidos.

Claro que, en Yeleen, vamos más allá de los colorines y atuendos estúpidos que pretenden hacer sonreír al niño que, cuando deje de serlo en un futuro, llorará. Porque, cuando las plumas y falditas desaparecen, la humillación permanece. Los perros son suficientemente “tontos” y animales como para hacer, por una pelota o una chuche, “el payaso”, dándole, así,  el gusto a su dueñ@, llenándole de una gloria y unos aplausos faltos de la consciencia y la memoria necesarios para ser conscientes y recordar que el perro no ha nacido para hacer el payaso, profesión más que respetable, dentro de los roles humanos. Por ello, más allá de ese justo reconocimiento hacia el trabajo de adiestramiento que hay detrás de las habilidades caninas, y con todo nuestro respeto hacia algunas de esas personas, no a todas, nuestra opinión al respecto es muy clara, sentida y definida. Las habilidades caninas, que tan de moda se han puesto en estos últimos años de, parece ser, aburrimiento social general, si bien, en principio, no agreden la integridad física de los animales con los que se realizan, sí pasan por encima, según nuestra opinión y para nuestra sensibilidad, de muchos valores y de los derechos, aún necesitados de reformas y matices, de los animales. Hay muchas maneras de “divertirse” en esta vida y esta no la aprobamos. Dejemos tranquilos a los animales.DSC07317

Foto: ¡Y tú no les hagas “el juego”!…¿ves la que has liado?…jajaj

Nada que esconder

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¿Cómo que no se puede o debe filmar a un perro en una jaula?…¿por qué?…¿cuál es el problema?…¿dónde está?…¿porque nos recuerda a una cárcel?…¿porque va asociada a lugares donde se hacinan animales rodeados, muchas veces, de sus propios excrementos?…¿porque son sitios donde, sin una adecuada observación y gestión, generan comportamientos indeseados?…¿porque es más “guay” ver a los animales fuera de ellas?…¿o porque, directa y simplemente, baja la audiencia?…Es hora ya de no tener miedo a decir, a mostrar y a defender lo que, desde la experiencia y desde la pasión hacia los animales, es interesante, apropiado, conveniente y necesario. En Yeleen, podemos hablar de lo que no nos gusta en cuanto a los perros y a su tenencia, de lo que, aparte de un mero gusto personal, nos parece inadecuado, innecesario, impropio, injusto, inconveniente e, incluso, humillante. De hecho, ya lo hacemos. De igual manera que otras personas con sensibilidades algo diferentes (no tanto como las etiquetas quisieran determinar..) muestran y defienden su particular visión sobre el tema de los animales.

Con la experiencia que, a nuestras espaldas, tenemos, con la pasión que nos mueve hacia los animales y, en concreto, hacia los perros, ¿quién puede pensar que los perros no son “felices” en su recinto?. Si no estimáramos necesario e interesante para los perros estar en su recinto, en su jaula, en su casa, no lo haríamos así y, mucho menos, lo defenderíamos. En nuestra opinión, si tuviéramos más en cuenta su bienestar y no el nuestro, nos daríamos cuenta de muchas cosas que, ahora, pasan desapercibidas ante nuestros acostumbrados, vagos, interesados y cómodos ojos. Que este sistema necesita de una potente inversión económica, a la vista está, el esfuerzo para hacerle frente, te lo puedes imaginar fácilmente.

Sin embargo, ahora no hablamos de ese asunto. ¿Eres consciente del TRABAJO que conlleva tener los perros como nosotros lo hacemos?. No “sólo” es limpiar las jaulas, para mantenerlas limpias y confortables, es mucho más. Es trabajar para mantener la TRANQUILIDAD y la ARMONÍA entre todos los perros que puedan estar en ellas, sea su casa o su apartamento vacacional. Tranquilidad y armonía que llevan al EQUILIBRIO MENTAL del que tanto se habla….y se habla…bla-bla-bla y bla-bla-bla. ¿Cómo va a ser equilibrado tu perro si le vuelves obsesivo y dependiente-obsesivo de una pelota?…qué “risa” hablar de “genética”…para “cargarte” el animal, más o menos, conscientemente…”de un plumazo”…¿para qué querías tanta “genética”?…¡no lo entendemos!. Tranquilidad y armonía, donde la famosa y popular MANADA la organizamos nosotros, cambiando sus “piezas”, con claros objetivos, tras una observación constante, que, insistimos, lleva intrínseco un gran trabajo y molestia, mucho más del que te puedas imaginar. Nada que ver, por cierto, con la figura del “pipi-can”. Tranquilidad y armonía, desde el RESPETO A LA INDIVIDUALIDAD de cada animal y, por tanto, a la “mochila vital” de cada uno, pues cada uno, como todos y cada uno de nosotros, tiene una diferente. ¿O es que sigues creyendo que a todos los perros les gusta “interactuar”?…¿crees que todos son “sociables”, como tú quieres?…¿es lo que te gustaría?…pues la realidad no es esa. Tranquilidad y armonía para con el perro viejito, necesitado, más que nadie, de esos estados-condiciones que garantizan su bienestar.

Nosotros no pretendemos más que difundir lo que, por experiencia, “funciona”, pues es en beneficio de los perros e, indirectamente, de las personas que los tienen, sea para pastorear, sea para pasear, sea para realizar algún tipo de deporte con ellos. Es un sistema profesional que, discúlpanos, a tu perro, también le vendría, posiblemente, muy bien…muy bien. Le vendría muy bien salir de la moqueta por muchas razones, pero, principalmente, para volver a “recordar” “qué” es…quién es. La “jaula” (perdón por la “palabreja”…jajaj), el recinto donde viven nuestros perros, que, como puedes comprobar al venir, nada tiene que ver con lo que al principio del texto describíamos desde la cruda realidad, es la habitación de tu perro, el rincón de debajo de tu mesa, el trasportín (viaje o no), pero es, además, su ESPACIO VITAL, donde nada ni nadie rompe su tranquilidad, ni niños, ni adultos, ni amigos, ni TU necesidad de jugar, ni TU necesidad de entretenerte, ni TU necesidad de compañía…NADA NI NADIE rompe su tranquilidad…”a gusto del consumidor”. Ven, observa y hablamos. Ven y observa su alegría y su magnífica relación con nosotros…¡con la vida!…su entusiasmo, su pasión por trabajar. AUNAR SENSIBILIDADES es la única manera de conseguir, entre todos, su bienestar, que es, nosotros no tenemos ninguna duda, a lo que TODOS LOS QUE “VIVIMOS” LOS ANIMALES ASPIRAMOS.

Para finalizar (si es que somos capaces…jajajja), por otra parte, sería bueno que fuéramos todos “soltándonos” y posicionándonos en este y otros temas tan controvertidos entorno a los animales. Eso sí, te pediríamos que, en la medida de tus posibilidades, no fuera sólo desde el “me gusta” apretado con un dedo, sea el meñique o el índice. Con las empáticas gafas del respeto, vete, por favor, al corral del ganadero, a la borda del pastor, a la casa del “animalista”, a la casa del que hace agility, a la casa del que hace mondioring, a la casa del campeón de campeones en pastoreo, al piso del vecino que vive solo con su perro, acércate y observa el perro del chaletito lleno de niños y pelotas…y, por supuesto, no te olvides de visitarnos a nosotros. A veces no se “ve”. Otras veces, no se quiere “ver”. En otras, ni se “mira”. Como les pasa a las “pobres” ovejas, le pasa a la audiencia. La audiencia no es tan “tonta” como la pintan o la quieren pintar, pues, en Yeleen, por experiencia también, hemos sabido llegar, hasta lo más profundo de muchas personas que hasta nuestra casa-vida se han acercado. Por eso nos encanta que vengas, tú y todas las personas que se te ocurran. En Yeleen no nos gustan las etiquetas, ni las tenemos en cuenta ni nos importan un pimiento, nos gustan las personas. Las personas y los perros. Su bienestar es nuestro motivo de trabajo y nos sentimos orgullosos de cómo viven su día a día los perros, los nuestros o el tuyo, si con nosotros está, de poder mostrarte y transmitirte nuestra experiencia de muchos años, de muchas razas, de muchas familias, de muchos perros. Y, por supuesto, mostramos, con orgullo y satisfacción, nuestras instalaciones, los parques de esparcimiento y las jaulas (llámense recintos…”no hagas saaangre”). Porque si hablamos del bienestar de los animales, CENTRÉMONOS EN SU BIENESTAR, NO EN EL NUESTRO. Una vez más, muchas gracias por tu paciencia, interés y tiempo. ¡En Yeleen, seguimos, encantados, adelante!