LA FUNCIÓN DE LA COMPAÑÍA

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EL BASTÓN

Hoy en día, no sabemos, realmente, si más o menos que en otros momentos de la Historia, ni hasta qué punto ni el porqué (bueno, igual se nos ocurrirían algunas razones), pero lo que es evidente es que vamos arrastrando en nuestras vidas una serie de problemillas o problemones (carencias emocionales, “contratiempos” vitales) que nos descolocan y bloquean y que, nos hacen necesitar de ese “algo” o “alguien” que, cual salvavidas en pleno Pacífico, supla nuestras carencias, nos ayude y mitigue esos problemas, haciéndonos, felizmente, más llevadero el camino. Con total certeza, existen unos cuantos “bastones” con los que abrirse camino y apoyarse cuando hace falta, sea para coger aire, sea para pensar si seguir adelante, sea, sin más, para poco a poco, momento a momento, avanzar más seguros. Nosotros, de lo que podemos atrevernos a “hablar” con algo más de “propiedad” es del perro. Y, hete aquí ese “alguien”, ese “comodín” peludo (salvo excepciones), adulador, paciente escuchante, incapaz de soltar un reproche, sumiso, cariñoso, por humana definición…y también tirano, dominante, listo, superviviente, aprovechado y engañador.

Pues bien, no seremos nosotros, “los de Yeleen”, quienes cuestionemos esta loable función pues, en nuestro decano trabajo, uno de los aspectos que más nos preocupa es, en forma de equilibrio, el bienestar: el de los animales y, también, el de las personas, teniendo el “defecto”, si quieres, de decir las cosas tal como las entendemos, nos cueste lo que nos cueste.

Lo que sí podemos decir es que hablar genéricamente de “la figura” del perro, arrancada de la literatura, de la emoción del recuerdo, de la videoteca, de las garras de la moda, para, como objetivo final, plantar un animal en la baldosa de la cocina…no es sino alimentar un sueño, una inexacta ilusión que arrastra a muchos de nuestros queridos animales y a muchas de nuestras queridas personas a vivir preocupantes, poco sanas e injustas situaciones. Unas situaciones y vivencias que, no nos olvidemos, van a prolongarse, con suerte, durante unos cuantos años y que podrían ser diferentes y más llevaderas con tan sólo un poquito de asesoramiento y adecuación, y un “muchito” de responsabilidad y de honestidad. El perro “de compañía” sí, pero con unos simples, pero determinantes, matices.

Según parece, si bien genéticamente hablando, no hay grandes diferencias entre unas y otras razas caninas, sí las hay en cuanto a su comportamiento y a su adecuación. Por eso, excepto en el caso de que sea un@ el/la elegid@ (que también sucede), sería muy importante que, previamente, tuviéramos en cuenta las necesidades vitales y el carácter estándar (sabiendo que, luego, está el individuo y su carácter) del animal con el que vamos a compartir tanto y tan, deseablemente, buenos momentos. Primer escollo, ya que es muy complicado discernir, entre tanta y tan bien direccionada información, acerca de “tooodas” y cada una de las razas que están en el panorama comercial, quien se encarga, a la perfección, de vender, entre pacones y pacones de paja, “la moto”. Aunque no las pongamos en práctica, en Yeleen, sabemos, por experiencia, cuáles son las claves del éxito de venta, si bien, también estamos seguros de que, en muchos casos, se apoya en una flagrante y sangrante inconsciencia.

MI GUSTO PERSONAL

No nos engañemos, unos vendemos y otros compramos, pero, en el fondo, todos somos muy parecidos, si no iguales, también en este sentido. Por ejemplo, y a todos nos ha pasado, en menor o mayor medida (¡que conste!), nosotros creemos que es un problema cuando hacernos con uno u otro perro para compartir la vida, pende tanto y, en la mayoría de los casos, de manera exclusiva, de nuestro “gusto personal”, mandando, principalmente, la morfología. Curiosamente, con toda la conciencia que supuestamente entraña hacernos con un animal de compañía, no es sencillo que una persona renuncie a él, como si elegir una raza canina para compartir la vida durante 14 años, tuviera la categoría del color de una prenda o del modelo de un vehículo. Porque, en lugar de elegir/desear “un perro”, contando con sus genéricas necesidades y peculiaridades, elegimos/deseamos perros “grandes”, “de pelo largo”, “protectores”, “indefensos”, “fuertes”, “peligrosos”, “exóticos”, “novedosos”, “divertidos”, “de bolsillo”, “activos como yo”, “marginales”, etc. Insistimos, lo hacemos o lo hemos hecho todos, pero, coincidirás con nosotros, empezamos mal si, cargados de derechos, nos basamos únicamente en nuestras preferencias visuales, sensoriales y tendencias emocionales, al hacernos con un perro. Entre otras muchas, hay una diferencia esencial entre un modelo de coche y una raza de perro.

LAS VÍCTIMAS

Desde nuestra opinión, además, no todas las personas estamos preparadas para tener un perro, como tampoco lo estamos para tener un hijo…ni para llevar un negocio (como, tras estas líneas, una vez más, puedes comprobar…jajaj). Si a esto le sumamos la ligereza y frivolidad a la impulsiva hora de comprar, el pelotazo está listo.

Por suerte, en muchos casos, la capacidad de adaptación que tiene el perro suple esa inicial falta nuestra de consideración, no habiendo, en la práctica, tantos dueños de perros que se declaren descontentos con su animal. Como mucho, tras una lista de “severas” quejas, le seguirá una lista infinitamente más larga de virtudes, hazañas y cuentos. Pero hay que ir un poquito más allá de las estadísticas, más teniendo en cuenta la inevitable parcialidad a la hora de “elegir” la población encuestada.

Según nuestra opinión, también el perro debería ser encuestado y, en su lógico defecto, le deberíamos observar, “escuchar” y tener en cuenta, también a él. Encuesta imposible, por naturaleza y porque, de ser posible, necesitaríamos de la profesional ayuda de un buen psicólogo que escarbara para superar esa especie de Síndrome de Estocolmo canino, que tachamos en ellos de, entre otros sentimientos, agradecimiento, pero que tiene más que ver, según nuestra opinión, con su mencionada capacidad de adaptación y con su básica naturaleza (¡más les vale y más nos vale!).

LAS RAZAS

Por propia selección, y salvando las necesidades básicas, no todas las razas son iguales, no tienen las mismas “otras” necesidades y no necesitan igual tiempo ni atención. Por eso, primero en la vital decisión y, después, en cuanto a la raza que más nos conviene, deberíamos contar con un buen asesoramiento, basado en el sentido común, ajeno a la lógica y sincera pasión que ponemos cada criador en nuestra raza y desoyendo, en cualquier caso, todas las glorias, ventajas y virtudes que la literatura, ligada a la necesidad de comer, emanan de todo libro de raza canina, algo que como herramienta comercial es fantástico, pero que llena de problemas el día a día de personas y de perros.

LA POSITIVA EDUCACIÓN EN LÍMITES

La educación, donde los límites tienen ese indiscutible, aunque traído y llevado, lugar, es otra asignatura pendiente en el desarrollo y gestión de la función de la compañía, labor social del perro, a la que nadie niega su importancia, pero donde se confunden los términos. Por encima del grado de impertinencia de algún vecino, hay que reconocer que el ladrido de un perro es insoportable, teniendo, además, en cuenta que las “deshoras” no siempre coinciden con las estipuladas laborales, sino que, a veces, tienen que ver con el ritmo diferente de un bebé, personas que necesitan una atención médica especial, enfermos y trabajadores a 3 turnos, todos ellos con iguales derechos, también el de descansar y de dormir, que el amante dueño del perro inadaptado (normalmente, por no actuar o por actuar mal, reforzando lo que no conviene). Cuántas veces hemos oído eso de que, “al final, lo llevé al pueblo”…y “allí está fenomenal por la calle”…¡ala!…como si “en el pueblo” y “por la calle” se hubiera solucionado el problema de confusión que has generado en el perro, por tu desconocimiento. Disculpa, lo que has hecho es “sacudirte de encima el marrón”. La justa y adecuada socialización y la educación, en toda su extensión (no sólo en la parte más “guay”, comercial y “salchichera”), son necesarias para el perro, viva en un piso de 30 m2, viva en esa finca de la que, además de al intruso, te sacará a mordiscos a ti también (no nos entra en la cabeza que fuera lo que buscaras cuando te hiciste con un perro, aunque, ¡en fin!…¡nunca se sabe!).

Ahí queda esta reflexión en forma de tormentosa lluvia de ideas: concepto de perro, carencias/tendencias personales, condiciones, necesidades, gusto personal, raza, educación (¡con límites!)…todo en el “pack” de un asesoramiento profesional, empático y honesto…¡y a funcionar!…la función de la compañía que, hoy más que nunca, está en “patas” del perro, queda justificada y, con los expuestos y, para nosotros, importantes matices, fuera de toda discusión. Eso sí, siempre que no se traspase la barrera infranqueable del respeto…de todos los implicados…¡vamos a intentarlo!

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