Cuando “toca” llorar…

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La muerte, nos pongamos como nos pongamos, es parte de la vida. No es la primera vez que en Yeleen citamos este tema, pues, como humanos que somos, nos preocupa y afecta, como seguramente a ti, a nivel existencial y práctico, tanto su asunción como su gestión. Según nuestra opinión, en esta Sociedad, la gestión-asunción de la muerte queda, como asignatura pendiente, en un plano demasiado “oculto”, o mejor dicho, “secundario”, en relación a la importancia que tiene en el desarrollo de nuestras vidas y, sobre todo, por la inevitabilidad intrínseca de esta otra parte del “juego”. E, igualmente, lo estimamos pendiente como tema de asignatura escolar que iría preparando, ya a nuestros hijos, para afrontar el hecho con una naturalidad, salvando las distancias, similar a la de los animales.

También hay que decir, quizás, que, una vez más, nos “preocupamos” y “filosofamos” los que, con gran suerte, hemos caído en la cara sonriente de la Tierra, donde, mejor o peor, siempre con grados, pero entre algodones, al salir por donde tod@s salimos (un poco más arriba…un poco más abajo…) nos surten de herramientas, recursos y condiciones para, con un poco de buena voluntad e interés, nos lleve la vida por un camino sin grandes pedruscos que sortear. A otros, de entrada, menos afortunados, les pasa como al tigre, al zorro, al búho, al buitre, al tiburón, al lobo…quienes no disponen de tiempo para “pensar”, para “filosofar”, para “reivindicar”, para “reclamar”, para “lamentar”…pues lo necesitan para sobrevivir, que no es lo mismo que vivir, al menos, en esta cara de la suerte. Los animales, sin capacidad de hacerlo. Esas personas, sin posibilidades.

Es cierto, tenemos que reconocer que, tampoco en este campo, somos unos expertos como para valorar y, menos aún, para analizar técnicamente, desde el punto de vista de la psique humana, el proceso psicológico que vivimos cuando llegan los momentos más duros de nuestra existencia. Son los profesionales especializados en ello las personas que pueden aportarnos un análisis vinculante y pedagógico del proceso. Profesionales, por otra parte, a los que te animamos a recurrir cuando, por la razón que sea, nos resulte demasiado duro e irremontable el dolor, impidiéndonos mirar a la empinada cuesta del futuro con el coraje y esperanza necesarios.

Sin embargo, nos gustaría hablar sobre nuestra experiencia en un tema que, con tantos animales, a través de tantos años, inevitablemente, hemos tenido, una y otra vez, que vivir. Seguramente, coincidirás, si no en todo, sí en parte, con lo expresado en las líneas que siguen. Si, además, puede servir de apoyo a alguien, encantados. A nosotros, para empezar, nos sirve como terapia, dados los últimos acontecimientos de nuestro entorno.

FOREVER YOUNG

Si hay algo a lo que todas las personas tememos con nuestros perros y gatos es al, unas veces más que en otras, impredecible momento en que nos tenemos que despedir de ellos. Hasta qué punto significan tanto para nosotros que, sin duda, su pérdida nos hace vivir si no los más dolorosos, de los más dolorosos e inconsolables de nuestras vidas. Momentos que nos destrozan el alma y nos sumen en una enorme tristeza. De esos momentos que sólo conoce a fondo y en toda su amarga dimensión, quien los ha vivido.

Esperamos no ofender a nadie, pero a nosotros no nos van los convencionalismos ni el guardar las apariencias, preferimos, abiertamente, decir lo que sentimos: cuando hay calidad de vida y una relación equilibrada, cordial y fantástica de por medio, se trate de tu gato o se trate de tu madre, ¿a quién no le gustaría que viviera eternamente?…

No es nuestra intención, en ningún caso, frivolizar sobre un tema como este. Si te ofende la comparación te pedimos disculpas, pero también te animamos a que no te alejes tanto de la vida como para sentirte ofendido por ser parte de ella, uno/una más.

Si no te has ofendido y vas a seguir leyendo (¡¡gracias!!), queremos que llegues a sentir, al menos un poquito, la suerte que tienes de desear, con todo tu corazón, que ese ser al que tanto has querido o quieres viva eternamente, pues eso quiere decir que, por encima de las diferencias, disgustillos, dificultades, contratiempos y trabajo, triunfa lo disfrutado, lo deseado, lo anhelado, lo vivido con él, su incomparable y única presencia…¡una gran suerte!, ¿no crees?…Si tenía la hora que marca el reloj de la vida, ya sabías que llegaría ese momento…y ya ha llegado. Contra “eso” no se puede luchar, sé fuerte.

A veces también, con lo complicadillos que somos los humanos, tendemos a “castigarnos” por lo que hicimos o dejamos de hacer. No es interesante. Todos cometemos errores, “ellos”, a su manera, también. Y no pasa nada. Porque nadie es perfecto, ni “ellos” ni nosotros. Si ellos son capaces de “perdonarnos” como lo hacen…y nosotros a ellos, ¿qué ganamos no perdonándonos a nosotros mismos?…¿sufrimiento?…¿sufrimiento por no asumir, una vez más, que no somos perfectos?. Más cuando, sin duda, hay muy buena voluntad y gran cariño en lo que hacemos. No lo hagas. No sirve más que para sufrir. Bueno, mejor dicho, haz lo que buenamente puedas.

LAS APARIENCIAS, ENGAÑAN

Seguramente, no nos equivocamos al decir que no todos lo vivimos de igual manera pues el hecho en sí, como todo en la vida, queda envuelto en unas circunstancias personales que determinan, con seguridad, la manera de afrontarlo. Y, por otra parte, sobra decir que no todos somos iguales, algo que, en las formas, hace diferente, no sólo la expresión, sino el sentir de ese dolor, no significando, por ello, querer “más” o “menos”. Por ejemplo, en el mundo ganadero, genuinamente más duro de lo “normal” y, por el momento, mayoritariamente masculino, la expresión de ese dolor por un “buen” y querido animal (perro, gato, oveja, cabra, vaca, toro, caballo, burro…) es más complicada de observar, lo cual no significa que no se dé y, aunque falte, que no haya detrás de un rudo gesto de clara evitación, un sentido dolor, comparable y equiparable al que tú o nosotros sentimos por una pérdida similar. Todo es respetable, siempre que sea respetuoso. A veces, muchas veces, demasiadas veces, sobre todo en este mundo ganadero que, por fortuna, hace años vivimos y conocemos, juzgamos sin sopesar la sana y cristalina humanidad que habita en cada uno de los buenos pastores y buenos ganaderos, que siguen llorando aquella vaca y aquel mastín, con quienes compartieron lumbre y cuadra y que vivieron tantas miserias e inclemencias como ellos mismos, ni más ni menos. Testimonios que emocionan y honran a los protagonistas y que enriquecen nuestro aprendizaje sobre la tan compleja como apasionante relación humano/animal.

EL NECESARIO DUELO

Llorar es bueno. El duelo tras la pérdida de un ser querido (persona o animal) es una necesaria fase que no deberíamos intentar “saltar” ni contra la que debemos “pelear”, pues se hace imprescindible para nuestro sano y correcto caminar en lo que nos queda de vida. La vida es risa y también llanto, la vida empieza y termina. No importa el tiempo que haya pasado, si hay que llorar, se llora. Si hay que estar triste, se está triste. Si “toca” recordar, recordemos. Si nos “sale” añorar, añoremos. ¿Qué problema hay en todo ello?…¿que se nos vaya el “maquillaje”?…¿también en sentido figurado?…

Es más, si alguien ve un “problema” en llorar por la pérdida de un animal, el “problema” lo tiene él, no quienes lo hacemos. Y no porque él no sienta igual por un animal, sino por la falta de consideración y respeto a los sentimientos, profundos y sinceros, de otros corazones, si no más humanos, sí más sensibles a estos hechos.

Como ejemplo, para algunas personas, el coche y “su bienestar” es el leiv motiv de sus vidas…el “drama” de un golpe o una raya en el capó sumen en una auténtica (e incomprensible…¡uy!…¡perdón!…jajja) “catástrofe” a algun@s. Desde nuestra extrañeza por la falta de entendimiento del “problema”, excepto en su justa medida, no podemos más que intentar empatizar y respetar su disgusto, mostrándole a esa persona nuestra sentida solidaridad. No creemos que reírse de ello sea sano ni “legal”, pues significaría ningunear sus sentimientos y mofarnos de su frustración. Por ello, volviendo al tema de los animales, pensamos que es justo comentar a estas personas, de la manera más educada posible, que su risa nos hace sentirnos más tristes aún y que respete nuestros sentimientos. Eso sí, la torpeza no va ligada a género, profesión ni condición social y tiene una difícil “cura”. Por eso, si es el caso, te recomendamos que no pierdas el tiempo.

DESPIDIENDO DESDE LA DIGNIDAD, EL CARIÑO Y EL AGRADECIMIENTO

En Yeleen, en estos últimos meses-días, hemos perdido a tres de nuestros perros, a “Ut”, a “Barri” (en la foto) y a “Burni”, con 12 y 15 años los dos últimos, pues eran hermanos. “Lía” (“Cali de Yeleen”), el mismo día que “Burni”, también fue despedida con dignidad, cariño y agradecimiento por nuestra querida amiga Ana y toda su familia, igualmente querida. Sus vidas con nosotros han sido un placer, seguramente, compartido. Su día a día en esta casa siempre ha tenido espacio para el cariño y su recuerdo permanecerá con nosotros para siempre.

Tantos años entre y con tantos perros nos han permitido, también afortunadamente, despedir a todos y cada uno de los que se han ido de nuestro lado. Cada un@, un dolor. Cada un@, irrepetible. Cada un@, inolvidable. Cada un@, un querido y eterno recuerdo. Cada un@, presente en nuestras vidas. Cada un@, para siempre con nosotros.

Nos quedamos, además de con las vivencias compartidas, con la sensación de la gran suerte de haberl@s conocido y un eterno agradecimiento hacia ell@s.

Y, eso sí, lo más importante de todo…te pedimos, vivamente, que no permitas, si llega el caso, que ese ser al que tanto quieres sufra. Hoy en día, hay maneras de que el irremediable final transcurra con una merecida tranquilidad y sosiego. Te recomendamos no hacer una “interpretación libre” de lo que vemos en nuestro perro en esos momentos o en los previos, pues tendemos, desde la enraizada humanización, a “ver” lo que no es, sufriendo, más aún, si cabe. Ellos no sienten sino alivio y agradecimiento ante la desaparición de su dolor, malestar o cansancio vital. Ayúdale. No dejes que el egoísmo y el miedo, ambos humanos, que todos sentimos se alíen y te paralicen. Te paralicen y retrasen lo inevitable. Como bien se dice, es el mayor acto de amor hacia un ser querido. Y, si tú no lo puedes hacer, pide ayuda, pero no permitas que sufra.

El dolor que se siente es el mismo, pero te queda la gran sensación de tranquilidad de que, ante lo inevitable, le hemos salvado del posible dolor y una larga agonía…¡qué menos!. En un momento determinado, la muerte es inevitable. El dolor, afortunadamente, en nuestra Sociedad y a día de hoy, es evitable.

Para terminar, queríamos pedir disculpas por nuestra posible torpeza por falta de conocimiento o por la pragmática simplificación de un tema tan “delicado”, a día de hoy, como el de la muerte. Ya sabes, hoy en día, tod@s escribimos, decimos y plasmamos, con el acierto del jugador, lo que desde nuestras cabecitas sale por la boca o por los dedos que van al teclado. En nuestro caso, desde luego, con la mejor intención. Muchas gracias y mucho ánimo en cada momento…c’est la vie!

 

 

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