Carta al Olentzero y a sus amigos, los Reyes Magos de Oriente

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Aunque nunca lo habíamos publicado, en Yeleen, como tú, solemos hacer todos los años una carta al Olentzero (quien luego se lo transmite a los Reyes), haciéndole llegar nuestros deseos. Somos conscientes de que no siempre pueden concederte lo deseado, aunque, también nos consta que lo tienen siempre en cuenta y que, si bien no en el año en curso, suelen trabajar para, en un futuro, lograrlo. Ya que, también para ellos, sin objetivos no hay logros.

Dicho esto (a ver si haciendo un poquito “la pelota” se ponen las pilas…), te vamos a decir lo que nosotros deseamos para el inminente 2017 y los que le sigan. Eso sí, ten en cuenta que son nuestros deseos personales, concretos y relativos a nuestro trabajo, sobre una base hojaldrada permanente de deseos más elevados y globales, también nuestros y comunes a todos, que, es curioso, parece sólo tener presencia verbal y escrita en estas fechas…¡vamos allá!…

En Yeleen, por ejemplo, nos gustaría hacer muchas exhibiciones. Muchas más que el año pasado. Todas las posibles, para poder, de esta manera, llegar con nuestra filosofía y su mensaje a muchas más personas y entidades. El mundo ganadero y todas sus “fichas” (animales que se manejan, perros que los protegen, perros que los manejan, personas que viven de, con y por los animales) necesitan del apoyo de la Administración para la formación en todos los aspectos que atañen a este trabajo con el fin de desarrollarlo de una forma profesional y, por tanto, respetuosa con los animales. Necesitamos que las personas que acuden a una exhibición a pasar un buen rato de fiesta o de feria, vean, a través de su espectacularidad, un trabajo profesional y cuidadoso, para que comprueben con sus ojos que hay “otras” maneras de realizar las, muchas veces, duras y aún vigentes labores tradicionales ligadas al mundo ganadero, donde la ayuda de un perro de pastor se hace imprescindible. De esta manera, entre todos, pondremos en valor su eficacia, así como la importancia de hacerlo de manera profesional, cuidando genética, condiciones y sistema de trabajo. A los ganaderos nos apasionan los animales (debería ser condición indispensable), ¡trabajemos con ellos desde el respeto!. Vamos a mostrarlo y así seremos respetados. Mostremos que se puede hacer…¡vamos a intentarlo!.

Otro deseo nuestro es hacer, también, muchos cursos de formación, muchas jornadas de trabajo. Cada vez que viene alguien a trabajar a nuestra casa, venga con perro o sólo a informarse, es la Esperanza quien nos visita…¡imagínate!…desde el agradecimiento a tan honorable presencia, la ilusión y el entusiasmo nos llenan de ganas para, una vez más, poder servir de ayuda a quien tiene interés e, incluso, sana preocupación en hacerlo bien con su perro, para que tenga un resultado con los animales que este maneja.

¡La cría!…aquí, si nos tenemos que sincerar “del todo” (¡al Olentzero no se le puede engañar!), la amargura tiene cierta cabida en Yeleen. Por pedir, que no quede (dicen). Realmente, aquí sí nos “obliga” la necesidad práctica. La necesidad de sacar adelante nuestro proyecto (ese que aún tenemos “a medias” con La Caixa…). No te lleven a equívoco nuestras palabras. No vendemos un perro a cualquiera (¿tienen muchas personas/profesionales 40 perros…como los tenemos nosotros?). Igual a ti mism@ te hemos dicho que no. Un “no” por tus circunstancias, por el perro y por ti mism@. Así es, nuestro excesivo purismo nos mata en el interior, para, finalmente quemarnos el bolsillo. Pero es que la “bola mágica”, en este caso, no ayuda y nos traiciona, apareciendo una y otra vez con sus, sin margen de duda, certeras predicciones. Con tantos años de experiencia en nuestras espaldas y piernas es muy complicado, desde nuestra pasión por los animales, no ver (aunque sea de reojillo) la fastidiosa bola, de la que, siendo justos, también hemos tirado y tiramos para otros fines. Entendemos que es mucho pedir al Olentzero…pero necesitamos hacerlo. En realidad, en Yeleen, nos gustaría que todos los cachorros/perros que vendemos fueran a trabajar con el ganado. Nos gustaría que ninguno de los perros que criamos (ya que de ellos hablamos) hicieran ninguna otra “actividad” que no fuera aquella para la que han nacido y donde, sin ninguna duda, alcanzan su mayor grado de “realización”. Nos gustaría, sobre todo, que ninguno de los perros que vendemos (nos ceñimos a lo nuestro, para no ser muy ambiciosos…) hicieran nada que los apartara de su condición animal, de su condición de perro, de su dignidad como animal y del respeto que, por todos los medios y en todas las ocasiones que tenemos, pedimos para ellos y el resto de los animales. Preferimos, sin ninguna duda, que nuestros perros no hagan nada…¡nada!…¡sí, hemos dicho “nada”!…a que se conviertan en marionetas para llenar de orgullo, en este caso, el pecho de algun@s; orgullo ciego a los valores que, si realmente nos gustan los animales, jamás deberíamos ningunear. ¿Sabes qué problema tiene un perro en no hacer “nada”?…él, en concreto, ninguno.

De igual manera, nos gustaría que todos esos cachorros que con tanto cariño despedimos vivieran tranquilos, respetados, no maltratados (ni física ni sicológicamente); que vivieran como “perros” o lo más parecido posible a su condición.

En Yeleen vemos, por otra parte, muchas personas que sufren con y por sus perros. Le pedimos, aquí, al Olentzero que dulcifique las sensaciones y haga desaparecer el sentimiento de culpa que, seguro de manera inconsciente, entre todos alimentamos. Que les ayude a no sufrir sin necesidad. Le pedimos que les explique lo que, en tantos años, a nosotros nos cuesta tanto y, por lo visto, no somos capaces. Que les haga creer, definitivamente, que su perro es un perro…”nada más”…¡y nada menos!. Y que, como tal, le “gusta” serlo, necesita serlo y necesita ver a su dueñ@ como lo que es para él (…), no un monigote que gesticula sin parar y habla con tonos insostenibles, un “plasta” lleno de pretensiones al que no se le entiende nada y que, desde el respeto que no se gana, le produce risa en su interior. Después le viene la pena, seguida de una generosidad, con límites, que caracteriza a estos seres a los que tanto queremos.

Y, por tanto, como último deseo, no por ello menos importante, le pedimos al Olentzero que por favor reparta varias cosas entre las personas que se hacen con un perro (sea nuestro o no): responsabilidad, sentido común y generosidad. Si lo hace en este momento (antes de que leas esta carta), mucho mejor, habrá quien no se haga con un perro…(¡date prisa, Olentzero, reparte pronto para llegar a tiempo!).

Lo entendemos, a estas alturas, alguien se habrá dormido, desde aquí se oyen los ronquidos… (esperemos que no sea el Olentzero…). Nosotros, por nuestra parte, nos iremos hoy a dormir con la ilusión de cualquier niño (niño, de nuestro entorno…¡no lo olvidemos!), de ver cumplidos nuestros deseos. Nos iremos con la ilusión de que, si no todo, sí en parte “nos lo traerá”. Sabemos que siempre hace lo posible y que nunca queda en olvido para él. Así que no se puede pedir más…(¡ay, sólo una cosa!…jajaj…¡aunque sólo sea lo de las exhibiciones y lo de los cachorros!…jajaj…¡bueno, y también lo de las personas, potenciales dueños de perros!…jajaj…¡ya empezamos a pedir demasiado!). Por cierto, ¿cómo gestionará el, más que probable, “conflicto de intereses” este hombre?…(eso, partiendo de que no tenga ninguna deuda con los Bancos y similares…¡que, no es por nada, pero muy “fácil” cumple los deseos de tod@s!…un poco sospechoso, ¿no?…jajaj).

Eskerrik asko, Olentzero Jauna.

Agur!

Que pases unos días estupendos y que se cumplan todos tus deseos en este 2017 que ya espera, impaciente, en la puerta…

¡¡FELÍZ AÑO NUEVO!!…URTE BERRI ON!!

Muchas gracias por llegar hasta aquí con nosotros.

FAMILIA YELEEN

 

LA FUNCIÓN DE LA COMPAÑÍA

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EL BASTÓN

Hoy en día, no sabemos, realmente, si más o menos que en otros momentos de la Historia, ni hasta qué punto ni el porqué (bueno, igual se nos ocurrirían algunas razones), pero lo que es evidente es que vamos arrastrando en nuestras vidas una serie de problemillas o problemones (carencias emocionales, “contratiempos” vitales) que nos descolocan y bloquean y que, nos hacen necesitar de ese “algo” o “alguien” que, cual salvavidas en pleno Pacífico, supla nuestras carencias, nos ayude y mitigue esos problemas, haciéndonos, felizmente, más llevadero el camino. Con total certeza, existen unos cuantos “bastones” con los que abrirse camino y apoyarse cuando hace falta, sea para coger aire, sea para pensar si seguir adelante, sea, sin más, para poco a poco, momento a momento, avanzar más seguros. Nosotros, de lo que podemos atrevernos a “hablar” con algo más de “propiedad” es del perro. Y, hete aquí ese “alguien”, ese “comodín” peludo (salvo excepciones), adulador, paciente escuchante, incapaz de soltar un reproche, sumiso, cariñoso, por humana definición…y también tirano, dominante, listo, superviviente, aprovechado y engañador.

Pues bien, no seremos nosotros, “los de Yeleen”, quienes cuestionemos esta loable función pues, en nuestro decano trabajo, uno de los aspectos que más nos preocupa es, en forma de equilibrio, el bienestar: el de los animales y, también, el de las personas, teniendo el “defecto”, si quieres, de decir las cosas tal como las entendemos, nos cueste lo que nos cueste.

Lo que sí podemos decir es que hablar genéricamente de “la figura” del perro, arrancada de la literatura, de la emoción del recuerdo, de la videoteca, de las garras de la moda, para, como objetivo final, plantar un animal en la baldosa de la cocina…no es sino alimentar un sueño, una inexacta ilusión que arrastra a muchos de nuestros queridos animales y a muchas de nuestras queridas personas a vivir preocupantes, poco sanas e injustas situaciones. Unas situaciones y vivencias que, no nos olvidemos, van a prolongarse, con suerte, durante unos cuantos años y que podrían ser diferentes y más llevaderas con tan sólo un poquito de asesoramiento y adecuación, y un “muchito” de responsabilidad y de honestidad. El perro “de compañía” sí, pero con unos simples, pero determinantes, matices.

Según parece, si bien genéticamente hablando, no hay grandes diferencias entre unas y otras razas caninas, sí las hay en cuanto a su comportamiento y a su adecuación. Por eso, excepto en el caso de que sea un@ el/la elegid@ (que también sucede), sería muy importante que, previamente, tuviéramos en cuenta las necesidades vitales y el carácter estándar (sabiendo que, luego, está el individuo y su carácter) del animal con el que vamos a compartir tanto y tan, deseablemente, buenos momentos. Primer escollo, ya que es muy complicado discernir, entre tanta y tan bien direccionada información, acerca de “tooodas” y cada una de las razas que están en el panorama comercial, quien se encarga, a la perfección, de vender, entre pacones y pacones de paja, “la moto”. Aunque no las pongamos en práctica, en Yeleen, sabemos, por experiencia, cuáles son las claves del éxito de venta, si bien, también estamos seguros de que, en muchos casos, se apoya en una flagrante y sangrante inconsciencia.

MI GUSTO PERSONAL

No nos engañemos, unos vendemos y otros compramos, pero, en el fondo, todos somos muy parecidos, si no iguales, también en este sentido. Por ejemplo, y a todos nos ha pasado, en menor o mayor medida (¡que conste!), nosotros creemos que es un problema cuando hacernos con uno u otro perro para compartir la vida, pende tanto y, en la mayoría de los casos, de manera exclusiva, de nuestro “gusto personal”, mandando, principalmente, la morfología. Curiosamente, con toda la conciencia que supuestamente entraña hacernos con un animal de compañía, no es sencillo que una persona renuncie a él, como si elegir una raza canina para compartir la vida durante 14 años, tuviera la categoría del color de una prenda o del modelo de un vehículo. Porque, en lugar de elegir/desear “un perro”, contando con sus genéricas necesidades y peculiaridades, elegimos/deseamos perros “grandes”, “de pelo largo”, “protectores”, “indefensos”, “fuertes”, “peligrosos”, “exóticos”, “novedosos”, “divertidos”, “de bolsillo”, “activos como yo”, “marginales”, etc. Insistimos, lo hacemos o lo hemos hecho todos, pero, coincidirás con nosotros, empezamos mal si, cargados de derechos, nos basamos únicamente en nuestras preferencias visuales, sensoriales y tendencias emocionales, al hacernos con un perro. Entre otras muchas, hay una diferencia esencial entre un modelo de coche y una raza de perro.

LAS VÍCTIMAS

Desde nuestra opinión, además, no todas las personas estamos preparadas para tener un perro, como tampoco lo estamos para tener un hijo…ni para llevar un negocio (como, tras estas líneas, una vez más, puedes comprobar…jajaj). Si a esto le sumamos la ligereza y frivolidad a la impulsiva hora de comprar, el pelotazo está listo.

Por suerte, en muchos casos, la capacidad de adaptación que tiene el perro suple esa inicial falta nuestra de consideración, no habiendo, en la práctica, tantos dueños de perros que se declaren descontentos con su animal. Como mucho, tras una lista de “severas” quejas, le seguirá una lista infinitamente más larga de virtudes, hazañas y cuentos. Pero hay que ir un poquito más allá de las estadísticas, más teniendo en cuenta la inevitable parcialidad a la hora de “elegir” la población encuestada.

Según nuestra opinión, también el perro debería ser encuestado y, en su lógico defecto, le deberíamos observar, “escuchar” y tener en cuenta, también a él. Encuesta imposible, por naturaleza y porque, de ser posible, necesitaríamos de la profesional ayuda de un buen psicólogo que escarbara para superar esa especie de Síndrome de Estocolmo canino, que tachamos en ellos de, entre otros sentimientos, agradecimiento, pero que tiene más que ver, según nuestra opinión, con su mencionada capacidad de adaptación y con su básica naturaleza (¡más les vale y más nos vale!).

LAS RAZAS

Por propia selección, y salvando las necesidades básicas, no todas las razas son iguales, no tienen las mismas “otras” necesidades y no necesitan igual tiempo ni atención. Por eso, primero en la vital decisión y, después, en cuanto a la raza que más nos conviene, deberíamos contar con un buen asesoramiento, basado en el sentido común, ajeno a la lógica y sincera pasión que ponemos cada criador en nuestra raza y desoyendo, en cualquier caso, todas las glorias, ventajas y virtudes que la literatura, ligada a la necesidad de comer, emanan de todo libro de raza canina, algo que como herramienta comercial es fantástico, pero que llena de problemas el día a día de personas y de perros.

LA POSITIVA EDUCACIÓN EN LÍMITES

La educación, donde los límites tienen ese indiscutible, aunque traído y llevado, lugar, es otra asignatura pendiente en el desarrollo y gestión de la función de la compañía, labor social del perro, a la que nadie niega su importancia, pero donde se confunden los términos. Por encima del grado de impertinencia de algún vecino, hay que reconocer que el ladrido de un perro es insoportable, teniendo, además, en cuenta que las “deshoras” no siempre coinciden con las estipuladas laborales, sino que, a veces, tienen que ver con el ritmo diferente de un bebé, personas que necesitan una atención médica especial, enfermos y trabajadores a 3 turnos, todos ellos con iguales derechos, también el de descansar y de dormir, que el amante dueño del perro inadaptado (normalmente, por no actuar o por actuar mal, reforzando lo que no conviene). Cuántas veces hemos oído eso de que, “al final, lo llevé al pueblo”…y “allí está fenomenal por la calle”…¡ala!…como si “en el pueblo” y “por la calle” se hubiera solucionado el problema de confusión que has generado en el perro, por tu desconocimiento. Disculpa, lo que has hecho es “sacudirte de encima el marrón”. La justa y adecuada socialización y la educación, en toda su extensión (no sólo en la parte más “guay”, comercial y “salchichera”), son necesarias para el perro, viva en un piso de 30 m2, viva en esa finca de la que, además de al intruso, te sacará a mordiscos a ti también (no nos entra en la cabeza que fuera lo que buscaras cuando te hiciste con un perro, aunque, ¡en fin!…¡nunca se sabe!).

Ahí queda esta reflexión en forma de tormentosa lluvia de ideas: concepto de perro, carencias/tendencias personales, condiciones, necesidades, gusto personal, raza, educación (¡con límites!)…todo en el “pack” de un asesoramiento profesional, empático y honesto…¡y a funcionar!…la función de la compañía que, hoy más que nunca, está en “patas” del perro, queda justificada y, con los expuestos y, para nosotros, importantes matices, fuera de toda discusión. Eso sí, siempre que no se traspase la barrera infranqueable del respeto…de todos los implicados…¡vamos a intentarlo!

Perfectos en su imperfección…como nosotros

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Los perros, también los de pastor, hacen LO QUE PUEDEN. No por pertenecer a una raza o “tener” una genética determinada funcionan de igual manera. No todos los perros tienen la misma capacidad ni se desenvuelven igual en todos los trabajos que, habitualmente, necesita un ganadero en su día a día. La exigente mentalidad que nos caracteriza, explica la tendencia general a pensar que cada individuo recoge TODAS las características que, de manera general, y siempre hablando de funcionalidad, definen la excelencia de una raza canina. Nuestra experiencia, tras casi 20 años de cuidada cría, con su correspondiente y profesional observación, testaje y contraste, nos dice que no es así.

La genética es fundamental, pero el TRABAJO, donde contemplamos AYUDAR AL PERRO, si es preciso, también lo es. Si obviamos todo lo demás para quedarnos sólo con la genética (suponiendo, además, que lleve detrás un trabajo definido, cuidado y bien dirigido), corremos el riesgo de desechar ejemplares “interesantes”, “muy interesantes” y, en cualquier caso, “válidos”.

Por desgracia, en general, se buscan RESULTADOS…SIN TRABAJAR Y SIN ESFUERZO ALGUNO. El caso es que nos vienen a la mente los boletitos que compras en fiestas, con el susodicho “RASCA Y GANA”, donde predomina esa frasecita que te cambia el semblante, y que aflora, una y otra vez, tras la insistente moneda: “SIGUE BUSCANDO”…¿te suena?.

El camino fácil (para algunas personas) no es lo nuestro. Ya lo sabes, para nosotros, para Yeleen, no es VALE/NO VALE. A nosotros, lo que más nos preocupa de todo esto es que la falta de conocimiento y de interés (que suelen caminar juntos), junto con la difundida contaminación visual, que hace virtualmente “accesible” lo que, en realidad, no es, más una cría sin control, “por colores” y por intuiciones sin fundamento, degenere una raza y, lo que es peor, deseche, sin pudor alguno, ejemplares más que interesantes y más que SUFICIENTES, para desarrollar la labor práctica que necesita un ganadero, fundamento de razas de trabajo como el Border Collie y Kelpie Australiano.

Las razas autóctonas, de las que jamás nos hemos olvidado en Yeleen, necesitan de otro tipo de “trabajo” que garantice su futuro como razas de pastoreo, desde el lógico punto de vista de la funcionalidad. Un trabajo por el que, a la sombra, “pelean” algunas personas, no tantas como sería deseable y, como casi siempre, sin el apoyo necesario para tan “epopéyica” acción. Pues bien, además de la necesaria consolidación, siempre funcionalmente hablando, el problema de la falta de un BUEN TRABAJO sobre la genética, también es trasladable a nuestras razas autóctonas, ya que, la mentalidad de un país es heredado “patrimonio” de todos.

Por ello, en MANOS DE TODOS está ir trabajando para lograr ese ansiado cambio de “manera de entender las cosas” con los perros de pastor. Un cambio a favor de los perros, del ganado, de los ganaderos, de los aficionados, de los entusiastas, de las buenas prácticas, de las genéticas, del aprendizaje, del interés, del esfuerzo, del equilibrio, del respeto y de la justicia. Un cambio de aires por el que, en Yeleen, apostamos, como siempre, desde el total compromiso. Te esperamos…¡no nos falles!. Muchas gracias.

Cachorros de dos y cuatro “patas”

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Un cachorro es un “cristal”, física y emocionalmente hablando. Dejar un cachorro “en manos” de un niño, aunque no sea tan pequeño como nuestro Ibai o muestre una especial madurez, es una gran irresponsabilidad. Un niño, según nuestra opinión, como siempre, basada en una amplia experiencia práctica, no tiene ni el conocimiento ni la capacidad suficientes para manejar ni un cachorro ni un perro adulto.
Un niño es un niño…¡tiene que serlo!…y actuar como tal…con 3, 4, 5…10 años. Y un cachorro es un “proyecto de perro”, cuyo futuro puede verse negativamente afectado por un trato descuidado, brusco o, incluso, desconsiderado (desde el cariño, desde la risa, desde el juego, desde la emoción…en realidad, desde la irresponsabilidad). La supervisión de un adulto no siempre libra de una mala experiencia a un cachorro, por eso, además de ello, debemos ser responsables y, desde el principio, poner unas condiciones y unas normas a respetar, entendibles por nuestros hijos. ¡Bueno!…hijos, sobrinos, vecinitos, amiguitos, coleguitas, amiguetes…y demás mostruít…parientes.
¿Te suena eso de “un perro no es un juguete”?…¿y qué parte no se llega a entender de esa defendida máxima?…Según nuestra opinión, tiramos demasiado de la “corrección de conductas no deseadas” y, además de que no todo tiene solución, deberíamos hacer más hincapié en la prevención.
“Y, por tu cumpleaños, ¡un perrito!”…¡ala!…¡ancha es Castilla!

Un honor

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Una de las cosas que en esta casa no entendemos es por qué no es “suficiente” COMPARTIR LA VIDA CON UN PERRO. ¿Por qué tiene que aprender a traernos las llaves, a dar la pata y a hacer el pino?…¿por qué pensamos (actuando en consecuencia) y defendemos que necesita hacer cosas que, en realidad, no le corresponden por naturaleza?…¿por qué hay que hacer alguna “actividad” (“extraescolar”) con ellos?…¿por qué empleamos tiempo y esfuerzo en investigar para encontrar en ellos cualquier vestigio o rasgo que confirme su parte “humana” en forma de necesidades, sentimientos o deseos?…¿es que no tenemos “bastante”?…Ya que tenemos la gran suerte de compartir con ellos nuestras vidas…¿por qué no trabajamos en pro de una convivencia respetuosa y equilibrada, en ambos sentidos, con ellos?…una convivencia donde no se transgreda el respeto ni la dignidad del animal…aún durmiendo en tu casa, aún disfrutando con él como con nadie, aún suponiendo para ti lo mejor de tu vida. ¿Por qué no “aterrizamos” de una vez y trabajamos para resolver la “salsa” que hemos montado entre unos y otros…con los perros?.
Los profesionales, semi-profesionales, parlanchines y “vendedores de humo” tenemos mucho que ver con todo esto. La responsabilidad que exigimos o deberíamos exigir a los propietarios-dueños de un perro para con él, no es suficiente. Deberíamos refrescar la nuestra, la que se nos supone. Deberíamos, para ello, intentar mirar mucho más allá de nuestras narices, de nuestros intereses, de nuestro futuro como profesionales. Según nuestra opinión, debería “mandar” una LÍNEA EDUCATIVA-CONSTRUCTIVA, una línea de trabajo QUE APORTE. Que aporte, finalmente, a los perros, a los que tanto “adoramos” y admiramos, si es que, realmente, es de corazón. Que aporte, por encima del fantasmeo, que ayude. Que no sirva, casi exclusivamente, a buscar el aplauso y la admiración de aquellos, entre otros, que son víctimas de la falta de pudor para “probar”, para “enseñar”, para “ayudar”…sin la experiencia “impepinablemente” necesaria.
Acerquémonos a los perros para entenderles, para comunicarnos con ellos, para ayudarles a convivir con nosotros…sin olvidarnos de “con quiénes estamos hablando”, sin olvidarnos, por favor, de que son PERROS…¿no te parece suficiente?…¿no?…para nosotros, es más que “suficiente”, es un honor y nos sentimos, además, eternamente agradecidos.

Cuando “toca” llorar…

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La muerte, nos pongamos como nos pongamos, es parte de la vida. No es la primera vez que en Yeleen citamos este tema, pues, como humanos que somos, nos preocupa y afecta, como seguramente a ti, a nivel existencial y práctico, tanto su asunción como su gestión. Según nuestra opinión, en esta Sociedad, la gestión-asunción de la muerte queda, como asignatura pendiente, en un plano demasiado “oculto”, o mejor dicho, “secundario”, en relación a la importancia que tiene en el desarrollo de nuestras vidas y, sobre todo, por la inevitabilidad intrínseca de esta otra parte del “juego”. E, igualmente, lo estimamos pendiente como tema de asignatura escolar que iría preparando, ya a nuestros hijos, para afrontar el hecho con una naturalidad, salvando las distancias, similar a la de los animales.

También hay que decir, quizás, que, una vez más, nos “preocupamos” y “filosofamos” los que, con gran suerte, hemos caído en la cara sonriente de la Tierra, donde, mejor o peor, siempre con grados, pero entre algodones, al salir por donde tod@s salimos (un poco más arriba…un poco más abajo…) nos surten de herramientas, recursos y condiciones para, con un poco de buena voluntad e interés, nos lleve la vida por un camino sin grandes pedruscos que sortear. A otros, de entrada, menos afortunados, les pasa como al tigre, al zorro, al búho, al buitre, al tiburón, al lobo…quienes no disponen de tiempo para “pensar”, para “filosofar”, para “reivindicar”, para “reclamar”, para “lamentar”…pues lo necesitan para sobrevivir, que no es lo mismo que vivir, al menos, en esta cara de la suerte. Los animales, sin capacidad de hacerlo. Esas personas, sin posibilidades.

Es cierto, tenemos que reconocer que, tampoco en este campo, somos unos expertos como para valorar y, menos aún, para analizar técnicamente, desde el punto de vista de la psique humana, el proceso psicológico que vivimos cuando llegan los momentos más duros de nuestra existencia. Son los profesionales especializados en ello las personas que pueden aportarnos un análisis vinculante y pedagógico del proceso. Profesionales, por otra parte, a los que te animamos a recurrir cuando, por la razón que sea, nos resulte demasiado duro e irremontable el dolor, impidiéndonos mirar a la empinada cuesta del futuro con el coraje y esperanza necesarios.

Sin embargo, nos gustaría hablar sobre nuestra experiencia en un tema que, con tantos animales, a través de tantos años, inevitablemente, hemos tenido, una y otra vez, que vivir. Seguramente, coincidirás, si no en todo, sí en parte, con lo expresado en las líneas que siguen. Si, además, puede servir de apoyo a alguien, encantados. A nosotros, para empezar, nos sirve como terapia, dados los últimos acontecimientos de nuestro entorno.

FOREVER YOUNG

Si hay algo a lo que todas las personas tememos con nuestros perros y gatos es al, unas veces más que en otras, impredecible momento en que nos tenemos que despedir de ellos. Hasta qué punto significan tanto para nosotros que, sin duda, su pérdida nos hace vivir si no los más dolorosos, de los más dolorosos e inconsolables de nuestras vidas. Momentos que nos destrozan el alma y nos sumen en una enorme tristeza. De esos momentos que sólo conoce a fondo y en toda su amarga dimensión, quien los ha vivido.

Esperamos no ofender a nadie, pero a nosotros no nos van los convencionalismos ni el guardar las apariencias, preferimos, abiertamente, decir lo que sentimos: cuando hay calidad de vida y una relación equilibrada, cordial y fantástica de por medio, se trate de tu gato o se trate de tu madre, ¿a quién no le gustaría que viviera eternamente?…

No es nuestra intención, en ningún caso, frivolizar sobre un tema como este. Si te ofende la comparación te pedimos disculpas, pero también te animamos a que no te alejes tanto de la vida como para sentirte ofendido por ser parte de ella, uno/una más.

Si no te has ofendido y vas a seguir leyendo (¡¡gracias!!), queremos que llegues a sentir, al menos un poquito, la suerte que tienes de desear, con todo tu corazón, que ese ser al que tanto has querido o quieres viva eternamente, pues eso quiere decir que, por encima de las diferencias, disgustillos, dificultades, contratiempos y trabajo, triunfa lo disfrutado, lo deseado, lo anhelado, lo vivido con él, su incomparable y única presencia…¡una gran suerte!, ¿no crees?…Si tenía la hora que marca el reloj de la vida, ya sabías que llegaría ese momento…y ya ha llegado. Contra “eso” no se puede luchar, sé fuerte.

A veces también, con lo complicadillos que somos los humanos, tendemos a “castigarnos” por lo que hicimos o dejamos de hacer. No es interesante. Todos cometemos errores, “ellos”, a su manera, también. Y no pasa nada. Porque nadie es perfecto, ni “ellos” ni nosotros. Si ellos son capaces de “perdonarnos” como lo hacen…y nosotros a ellos, ¿qué ganamos no perdonándonos a nosotros mismos?…¿sufrimiento?…¿sufrimiento por no asumir, una vez más, que no somos perfectos?. Más cuando, sin duda, hay muy buena voluntad y gran cariño en lo que hacemos. No lo hagas. No sirve más que para sufrir. Bueno, mejor dicho, haz lo que buenamente puedas.

LAS APARIENCIAS, ENGAÑAN

Seguramente, no nos equivocamos al decir que no todos lo vivimos de igual manera pues el hecho en sí, como todo en la vida, queda envuelto en unas circunstancias personales que determinan, con seguridad, la manera de afrontarlo. Y, por otra parte, sobra decir que no todos somos iguales, algo que, en las formas, hace diferente, no sólo la expresión, sino el sentir de ese dolor, no significando, por ello, querer “más” o “menos”. Por ejemplo, en el mundo ganadero, genuinamente más duro de lo “normal” y, por el momento, mayoritariamente masculino, la expresión de ese dolor por un “buen” y querido animal (perro, gato, oveja, cabra, vaca, toro, caballo, burro…) es más complicada de observar, lo cual no significa que no se dé y, aunque falte, que no haya detrás de un rudo gesto de clara evitación, un sentido dolor, comparable y equiparable al que tú o nosotros sentimos por una pérdida similar. Todo es respetable, siempre que sea respetuoso. A veces, muchas veces, demasiadas veces, sobre todo en este mundo ganadero que, por fortuna, hace años vivimos y conocemos, juzgamos sin sopesar la sana y cristalina humanidad que habita en cada uno de los buenos pastores y buenos ganaderos, que siguen llorando aquella vaca y aquel mastín, con quienes compartieron lumbre y cuadra y que vivieron tantas miserias e inclemencias como ellos mismos, ni más ni menos. Testimonios que emocionan y honran a los protagonistas y que enriquecen nuestro aprendizaje sobre la tan compleja como apasionante relación humano/animal.

EL NECESARIO DUELO

Llorar es bueno. El duelo tras la pérdida de un ser querido (persona o animal) es una necesaria fase que no deberíamos intentar “saltar” ni contra la que debemos “pelear”, pues se hace imprescindible para nuestro sano y correcto caminar en lo que nos queda de vida. La vida es risa y también llanto, la vida empieza y termina. No importa el tiempo que haya pasado, si hay que llorar, se llora. Si hay que estar triste, se está triste. Si “toca” recordar, recordemos. Si nos “sale” añorar, añoremos. ¿Qué problema hay en todo ello?…¿que se nos vaya el “maquillaje”?…¿también en sentido figurado?…

Es más, si alguien ve un “problema” en llorar por la pérdida de un animal, el “problema” lo tiene él, no quienes lo hacemos. Y no porque él no sienta igual por un animal, sino por la falta de consideración y respeto a los sentimientos, profundos y sinceros, de otros corazones, si no más humanos, sí más sensibles a estos hechos.

Como ejemplo, para algunas personas, el coche y “su bienestar” es el leiv motiv de sus vidas…el “drama” de un golpe o una raya en el capó sumen en una auténtica (e incomprensible…¡uy!…¡perdón!…jajja) “catástrofe” a algun@s. Desde nuestra extrañeza por la falta de entendimiento del “problema”, excepto en su justa medida, no podemos más que intentar empatizar y respetar su disgusto, mostrándole a esa persona nuestra sentida solidaridad. No creemos que reírse de ello sea sano ni “legal”, pues significaría ningunear sus sentimientos y mofarnos de su frustración. Por ello, volviendo al tema de los animales, pensamos que es justo comentar a estas personas, de la manera más educada posible, que su risa nos hace sentirnos más tristes aún y que respete nuestros sentimientos. Eso sí, la torpeza no va ligada a género, profesión ni condición social y tiene una difícil “cura”. Por eso, si es el caso, te recomendamos que no pierdas el tiempo.

DESPIDIENDO DESDE LA DIGNIDAD, EL CARIÑO Y EL AGRADECIMIENTO

En Yeleen, en estos últimos meses-días, hemos perdido a tres de nuestros perros, a “Ut”, a “Barri” (en la foto) y a “Burni”, con 12 y 15 años los dos últimos, pues eran hermanos. “Lía” (“Cali de Yeleen”), el mismo día que “Burni”, también fue despedida con dignidad, cariño y agradecimiento por nuestra querida amiga Ana y toda su familia, igualmente querida. Sus vidas con nosotros han sido un placer, seguramente, compartido. Su día a día en esta casa siempre ha tenido espacio para el cariño y su recuerdo permanecerá con nosotros para siempre.

Tantos años entre y con tantos perros nos han permitido, también afortunadamente, despedir a todos y cada uno de los que se han ido de nuestro lado. Cada un@, un dolor. Cada un@, irrepetible. Cada un@, inolvidable. Cada un@, un querido y eterno recuerdo. Cada un@, presente en nuestras vidas. Cada un@, para siempre con nosotros.

Nos quedamos, además de con las vivencias compartidas, con la sensación de la gran suerte de haberl@s conocido y un eterno agradecimiento hacia ell@s.

Y, eso sí, lo más importante de todo…te pedimos, vivamente, que no permitas, si llega el caso, que ese ser al que tanto quieres sufra. Hoy en día, hay maneras de que el irremediable final transcurra con una merecida tranquilidad y sosiego. Te recomendamos no hacer una “interpretación libre” de lo que vemos en nuestro perro en esos momentos o en los previos, pues tendemos, desde la enraizada humanización, a “ver” lo que no es, sufriendo, más aún, si cabe. Ellos no sienten sino alivio y agradecimiento ante la desaparición de su dolor, malestar o cansancio vital. Ayúdale. No dejes que el egoísmo y el miedo, ambos humanos, que todos sentimos se alíen y te paralicen. Te paralicen y retrasen lo inevitable. Como bien se dice, es el mayor acto de amor hacia un ser querido. Y, si tú no lo puedes hacer, pide ayuda, pero no permitas que sufra.

El dolor que se siente es el mismo, pero te queda la gran sensación de tranquilidad de que, ante lo inevitable, le hemos salvado del posible dolor y una larga agonía…¡qué menos!. En un momento determinado, la muerte es inevitable. El dolor, afortunadamente, en nuestra Sociedad y a día de hoy, es evitable.

Para terminar, queríamos pedir disculpas por nuestra posible torpeza por falta de conocimiento o por la pragmática simplificación de un tema tan “delicado”, a día de hoy, como el de la muerte. Ya sabes, hoy en día, tod@s escribimos, decimos y plasmamos, con el acierto del jugador, lo que desde nuestras cabecitas sale por la boca o por los dedos que van al teclado. En nuestro caso, desde luego, con la mejor intención. Muchas gracias y mucho ánimo en cada momento…c’est la vie!

 

 

De “fácil”…nada

El aprendizaje es un proceso. Lo es en cualquier caso y disciplina, por tanto, también cuando hablamos del aprendizaje de un perro de pastor. Todo proceso necesita TIEMPO. En ese proceso, aplicando unas TÉCNICAS, el perro de pastor va progresando, realizando, para ello, cosas que están bien y otras que resultan inapropiadas, inconvenientes, o ambas, como nos pasa a las personas…¡igualito!. Por eso, nuestra BUENA DISPOSICIÓN a la hora de trabajar es más que necesaria. Date cuenta que tanto la buena disposición como la mala lech…¡disposición! se transmiten al perro, con todas sus consecuencias.

Dicho esto, poco a poco, ratito a ratito, día a día, semana a semana, mes a mes…hay que hacer lo posible para que las primeras (las cosas buenas) se vayan fijando, a través de repeticiones (siempre observando la respuesta y siempre que ésta sea la apropiada) y también mediante la progresiva introducción de pequeñas variables que nos confirmen que vamos por el buen camino. En cuanto a las segundas (las cosas inconvenientes), no siempre dependen de una variable, aunque no es, desde luego, el momento de “sentarnos” a analizar cuál es el porcentaje correspondiente a la GENÉTICA, y cuál el de todas y cada una de las variables que, posiblemente, tengan que ver en “eso” que no te “convence”. No, no es el momento (“¡Stop!…¡un momento!…déjame unos minutos, que saque la calculadora…a ver …si es 30% de genética…25% de…tal…entonces…”). Sí es, en cambio, el momento de seguir observando y cambiando, en lo que a nosotros respecta, lo que “no funciona”.

Por otra parte, ASUMIR que, muchas veces, hay que TRABAJAR mucho y bien para conseguir “pequeños”, aunque significativos, cambios, es fundamental. Todo no está escrito. Por eso, no te extrañe que, en otras ocasiones, haya que recurrir a permitir acciones “inapropiadas”, pero que, justo en ese momento, resultan interesantes y especialmente necesarias. No hay que olvidar que cada perro tiene una tendencia. Darle, en cualquier caso, TIEMPO, es imprescindible. Durante las sesiones, es muy importante ser conscientes de lo que se está haciendo en cada momento y, mejor aún, previamente, pensar y “dibujar” en nuestra cabeza qué se va a hacer “ese rato” en el campo de trabajo, con un objetivo concreto detrás de él (mejor “sólo” un objetivo…que 23). Igualmente, ya en el “escenario”, es fundamental observar la respuesta del perro. Puede que no resulte lo esperado y debes contar, a priori, con esa posibilidad. No se trata de dejarnos llevar por la sorpresa y mostrar nuestra posible frustración (“cómo” es lo de menos…hay muchas maneras de hacerlo, tan humanas todas, como inoportunas…). Frustración ante que no haya respuesta o ante que no sea la esperada: “algo” no estamos haciendo bien o no hemos acertado en la supuesta respuesta. De igual manera, cuando veamos, con satisfacción, que sí va cambiando “algo” no hay que abusar y “machacar” la lección, como si fuera “la tabla del 7”.

La CONFIANZA en nuestro trabajo y en el perro, facilitan el progreso de éste, visible a través de cambios, normalmente pequeños, muchas veces imperceptibles y, en ocasiones, notorios. Es el momento de pensar en “la retirada”, deseable que sea tranquila, con el ganado bajo control, para que el perro así lo sienta y se quede, con ganas, pero conforme. Resulte lo que resulte del “rato empleado”, AGRADÉCELE su esfuerzo…¡siempre!.

Es una manera de plantear las cosas, seguro que hay otras igualmente válidas, lo mismo que las hay inaceptables (a la vez que “oficiales”, avaladas por la todopoderosa tradición y amparadas por clanes intocables).

En toda esa parte del proceso anteriormente descrito, se impone ser CONSTANTE, así que, resumiendo, según nuestra opinión, de “fácil”, nada. No, al menos, para nosotros. No hay más que “ver” perros, perros y más perros (¡todos los que puedas!) y, en nuestro caso, además de ello, recurrir a nuestra personal “hemeroteca perruna-pastoril” para ser, cada vez más conscientes de la gran cantidad de diferentes, ya no sólo casos, sino realidades con las que nos hemos encontrado, nos encontramos y, en la medida que la vida nos lo permita, nos encontraremos en el entorno cotidiano, a unos pocos metros o a más de 1000 kilómetros de nuestro apasionado corazón.

Lo que sucede hoy en día es que, como son, en parte por fortuna, tan accesibles los vídeos de “fantásticos” trabajos realizados por perros “fantásticos”, en condiciones “fantásticas”, con guías “fantásticos”…se nos olvida que no todos los perros son “fantásticos” (aunque, en realidad, TODOS LO SEAN…), al igual que no lo somos sus guías, ni tampoco las condiciones donde un@ “puede” trabajar tienen nada o si no muy poco de “fantásticas”…¡claro!…¡bienvenid@ a la realidad!…¡bienvenid@ a la vida!…del Planeta Azul, al menos.

Por eso, cuando, además, se intentan tomar atajos…¡grave error!, ninguneando ingredientes necesarios, como son…genética, tiempo, confianza, respeto, asumir, disposición, esfuerzo, cariño, preocupación, trabajo, tiempo (sí, otra vez…)…es entonces cuando sale victoriosa la FRUSTRACIÓN, con resultados nefastos (nada “fantásticos”…) para el trabajo, para el progreso de ese perro, para el perro y para nosotros mismos.

A nosotros, desde luego, no se nos olvida “quiénes” somos y que, posiblemente, te podamos ayudar, a ti y a tu perro. En Yeleen, no estamos dispuestos a “tirar la toalla” por ninguno. Jamás lo hemos hecho y nunca lo haremos (hmmmm…seguro que se nos ha olvidado algún “ingrediente”…¿harina?…¿”huevos”?…jajaj), porque TANTO “ELLOS” COMO NOSOTROS, TODOS, TENEMOS ALGO QUE APORTAR. No hay que perder el ánimo…ni el humor. Muchas gracias.

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Foto: “¡Coooncha!” (“Fidji”)